No existe un “gen de la estupidez” en el sentido literal. La frase es una metáfora para esa extraña capacidad humana de repetir decisiones que nuestra propia razón ya reconoce como dañinas.
Lo llamamos amor, deber, esperanza o compasión. A veces lo es. Otras veces es miedo a aceptar una verdad que nos obligaría a cambiar.
Cuando el corazón negocia con la evidencia
Decimos: “Quizá esta vez cambie”. “Tal vez estoy siendo injusto”. “Después de todo, es mi familia”. Y así la emoción puede mantenernos vinculados a relaciones que nos desgastan.
La inteligencia emocional de retirarse
La verdadera inteligencia no consiste solo en comprender un problema. También consiste en actuar sobre lo comprendido. Poner un límite puede doler y, aun así, ser la decisión más sensata.
Tal vez madurar significa dejar de permitir que el corazón destruya aquello que la mente ya entendió.