La bondad es una virtud. Pero la bondad sin discernimiento puede convertirse en una forma de traicionarnos a nosotros mismos.
Hay personas que reciben generosidad como si fuera un derecho adquirido. Toman tiempo, dinero, paciencia y energía sin preguntarse nunca qué ofrecen a cambio.
Cuando la familia utiliza la culpa
El problema duele más cuando viene de un pariente. El lenguaje de “deber familiar” puede transformarse en una herramienta para exigir lealtad que nunca fue recíproca.
Bondad con límites
Ayudar a quien atraviesa una dificultad es distinto de sostener indefinidamente a quien se niega a crecer. La compasión no exige permitir explotación.
Proteger la propia paz no nos vuelve crueles. A veces el acto de bondad más necesario es el que nos ofrecemos a nosotros mismos al decir basta.